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José Antonio ANTÓN PACHECO: "Binetti, M. J., El idealismo de Kierkegaard" - Universidad Iberoamericana, México, 2015.

María José Binetti es doctora en flosofía por la Universidad de Navarra e investigadora adjunta de CONICET de Argentina. No es este el primer trabajo de María J. Binetti sobre Kierkegaard. Conocíamos ya varios de sus artículos sobre el pensador danés publicados en revistas especializadas y siempre nos habían parecido de una extraordinaria profundidad. Pero sin duda este libro supone una culminación de anteriores investigaciones y un auténtico hito dentro de los estudios kierkegaardianos.
La tesis general del libro está expresada paladinamente en el título: el idealismo de Kierkegaard, lo cual parece contravenir una cierta opinión bastante extendida que hace de Kierkegaard un pensador opuesto al romanticismo y al idealismo (fundamentalmente Schelling y Hegel).
Lo cierto es que nosotros siempre habíamos intuido que la cosa iba por ahí, es decir, que en el fondo el proyecto flosófco de Kierkegaard no difería tanto del programa del idealismo alemán, y que había más tópico que realidad en las supuestas proclamas kierkegaardianas contra Schelling y Hegel. Pero claro está, no basta con tener intuiciones para defender una tesis, es necesario un conocimiento que pruebe de manera satisfactoria aquello que se quiere mantener. Y esto es lo que hace María J. Binetti en el libro que ahora comentamos.
Es verdad que la tesis en cuestión no es completamente nueva y varios autores han insistido sobre ella (Theunissen, Ricoeur, Taylor, Poole, Westphal, Burns, aunque Binetti se siente especialmente deudora de Jon Stewart) pero hasta ahora no la había visto expuesta de una forma tan argumentada y tan especulativamente exhaustiva.
La idea básica que se defende en el libro consiste en considerar a Kierkegaard un pensador que culmina el programa flosófco del romanticismo y el idealismo: reconciliar lo universal y lo particular, hacerlos realidad en una mediación que evite lo abstracto del puro concepto idéntico a sí mismo y la dispersión de la pura alteridad. A partir de aquí se plantean las principales categoría del pensador danés para analizarlas según esa clave: la postulación de la unidad de una unidad abstracta y una pluralidad disolvente ¿Quiere decir esto que tenemos que considerar a Kierkegaard sin más como un romántico o un idealista? Sin duda no como un mero romántico, pues en gran medida la crítica del estadio estético es una crítica al romanticismo en tanto que el mismo romanticismo no es capaz de cumplir su propio proyecto. Se puede hablar entonces de Kierkegaard como un romántico que toma conciencia de las limitaciones del romanticismo (un posrromántico, pues), según deducimos de la lectura de este trabajo.
¿Y qué sucede con el idealismo?, ¿se podrá afrmar que nuestro autor es un idealista o un postidealista? María José Binetti nos deja claro el alejamiento de Kierkegaard con respecto a Schelling, cuya flosofía el danés juzgó como incapaz de superar el ámbito de la generalidad abstracta. Sin embargo, en lo que se refere a Hegel, el tono de la argumentación nos plantea un Kierkegaard muy cercano al alemán. No desde luego como para decir que Kierkegaard era hegeliano, pues precisamente la crítica kierkegaardidiana lo que quiere hacernos ver es que el sistema de Hegel no terminó de lograr la realización efectiva de lo universal en lo particular.
Ahora bien, no termino de ver con nitidez esa diferencia en el tratamiento que la autora hace de la cuestión, es decir, no termino de ver lo que distingue Hegel de Kierkegaard. Tal vez suceda que en el énfasis puesto en mostrar la vinculación de Kierkegaard con el programa idealista, María José Binetti haya desatendido un tanto los desacuerdos entre el alemán y el escandinavo, o al menos haya subrayado más lo que une que lo que separa.
Otro tema que a mi juicio no está marcado que sufcientemente fuera de desear en este libro, es la especifcidad de pensador cristiano por parte de Kierkegaard (un “escritor religioso”, como él mismo se defnía); pues tal vez aquí estribe su diferencia radical con respecto al idealismo alemán. Es más, la diferencia se acentúa en cuanto nos hacemos cargo de la inserción de Kierkegaard en la tradición de un cristianismo dramático.
En cualquier caso, El idealismo de Kierkegaard nos ofrece un análisis, profundo, denso, difícil a veces, pero muy esclarecedor de las líneas fundamentales no ya de la flosofía kierkegaardiana, sino de la misma existencia kierkegaardiana, dado que todo el proyecto vital del danés va dirigido (y eso es algo que lo deja paladinamente claro María José Binetti) hacia la reduplicación del concepto en una subjetividad concreta y por eso real (la existencia religiosa como subjetividad real). Ya decía antes que uno de los grandes méritos del libro radica en hacernos comprender las grandes categorías de Kierkegaard desde su pertenencia al ámbito abierto por el idealismo; idealismo que, en última instancia, no quería ser rechazado sino cumplido en todo su rigor y radicalidad. Y es que algo muy importante demuestra este libro de María José Binetti: hay que abandonar defnitivamente esas ideas imprecisas (pero que sobrevuelan todavía muchos ámbitos académicos) que ven en la figura de Kierkegaard un pensador conceptualmente poco riguroso, difuso en su expresión, ensayístico o llevado por emociones confusas.


Revista Thémata Nº55 (2017) pp.: 353-354.  
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