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Alexander PRADO OSPINA: "EN LA ROSA…EL NOMBRE. [Incursión a una topología del silencio.]"

EN LA ROSA…EL NOMBRE.

[Incursión a una topología del silencio.]

18. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 19. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Génesis: 2,18-20


INTRODUCCIÓN.

Una de las tantas habilidades y similitudes que Dios y los hombres comparten, es la facilidad y especial relación que tienen con las palabras. En tal caso, con el lenguaje se asienta cierto re-presentar enunciativo que permite a ambos “seres” -guardando las distancias pero recorriendo precisamente esa semejanza- relacionarse a lo otro que los rodea. En efecto, Dios por medio de su palabra comunica y al mismo tiempo crea, y así, en los primeros versos de la Biblia se lee, “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Y en igual sentido, como mandato, es Adán el que otorga cada nombre a los animales de la tierra designándoles con su acción; una marca…un signo…revelando un modo peculiar en el cual lo dado sé-presenta. En el lenguaje, el hombre expresa-emite los efectos de lo creado y apunta efectivamente con la voz, un modo simple de otro modo de ser. Dada la similitud, y de algún modo la curiosa relación que se tiene con el lenguaje, tanto en Dios como en los hombres se muestra un fenómeno compartido: Aquel que otorga el nombre da algo de existencia.

San Agustín en el comentario al Génesis indica esa eminencia que tiene la relación entre la emisión del nombre y la existencia y al respecto afirma: Reinaban las tinieblas donde quiera, porque no reinaba la luz, así como donde no hay sonido hay silencio. ¿Y qué es reinar el silencio en un lugar sino que no hay sonido en aquel lugar? Precisamente esas relaciones fundamentales como silencio-tinieblas y sonido-existencia a través del nombre o el lenguaje, es lo que intenta dilucidar, rodear e interpretar el presente ensayo. El texto aquí pre-sentado es a modo de una simple incursión a las posibilidades que ofrece el lenguaje como lugar; se realiza un paso que siente lo originario del nombre en su descarga como existente, y además se escucha aquella locución que impulsa aquel mudo-sonido que instaura en su darse el silencio del Ser. En otras palabras, se pretende en las presentes líneas un recorrido topológico en aquel lugar, que siguiendo a Agustín, puede llamarse reino del silencio, sin dejar de escuchar aquel lugar de emisión y de existencia.


1. LENGUAJE. LUGAR TOPOLÓGICO.

Aquel que habla…también calla.

Refrán popular.


No obstante. ¿Qué se entiende por topología? Y como ayuda a dilucidar las relaciones entre silencio-tinieblas y existencia-luz. La topología es el conjunto de reglas para la interpretación de los signos de la topografía. Se ejecuta con el fin de formar correcta idea de las localidades o planos que la representan, en su sentido exacto: “es el estudio de la disposición y agrupación de elementos que están en un determinado lugar, establece el discurso del analysis situs que instaura el conjunto de reglas para la interpretación de los signos y objetos situados. Es también una ciencia de los parajes y los espacios.” Aunque la topología es una ciencia que pertenece al campo de las matemáticas, la disciplina filosófica no desconoce el alcance de la localidad o la interpretación del lugar a la hora de proyectar sus afirmaciones. Aristóteles habló de un tópoy o lugar común en su libro la Retórica, con el fin de afirmar un suelo que sustente y facilite la comprensión del discurso, en el cual se halla tanto el hablante como también los escuchas. Por su parte, Hannah Arendt, en su texto ¿Dónde estamos cuando pensamos? , establece la relación fundacional entre el pensar y el lugar; pues, en el estar-en-comunidad (con otros) es donde se implanta la condición en la cual germina no sólo la actividad del pensar en general, sino el resultado práctico de dicha acción, es decir, el ejercicio de lo político. Ahora bien, la topología hermenéutica que aquí se expone, le rinden culto al situs, al lugar, al tomar todo objeto dentro de su discurso en un plano, un continente desde el cual se le ejerce todo un recorrido antes que un análisis.

La acción de analizar se entiende como la separación de las partes de un todo hasta llegar a conocer sus principios y elementos que la configuran. Por el contrario, la metodología dada por el lugar, antes de la des-con-posición y separación de elementos, se efectúa de forma eminente en la con-posición de lo que con-tiene. En tal caso, como mirando un paisaje, se debe inhalar y exhalar los distintos aromas que se muestran dentro de cada localidad…; se sienten con sumo cuidado sus con-ponentes y se escucha o interpreta lo que en ellos habita. Por consiguiente, y siguiendo con la proyección del presente texto, la emisión y el silencio son lugares que comparten un plano común, con-parten de modo tal que juntamente la afonía y lo nombrado parte dentro del espacio por excelencia que es el lenguaje. En palabras más sencillas, la emisión y el silencio son en el lenguaje; la declaración del nombre y el mutismo parten del él como su posibilidad topológica. El que calla puede hablar, denotando que el silencio de algún modo se amalgama con el nombre en un suelo común, lugar que los reconoce en su diferencia pero los alberga dentro de sus límites. 

¿Qué implica interpretar el lenguaje como una localidad o un suelo? La importancia de concebir al lenguaje como un suelo o “superficie” es que se revelan las dos caras expuestas en líneas anteriores: el sonido y el silencio. En consecuencia, se exhiben ambos reinos sin que sufran relaciones antagónicas o de contradicción, pues se interpreta al lenguaje como lugar, un continente, un paisaje, un mosaico en donde se hallan con-juntamente tanto lo Emitido y el Mutismo en un mismo espacio. Compartido y con-partiendo son posibilidades en el pasar de todo topoy incluso el del lenguaje, ya que con-cede ese movimiento desde el cual se hallan y movilizan lo dado dentro de él.

Puede llamarse lo anterior una facilidad metodológica, sin embargo, si se afirma del lenguaje -como se le entiende comúnmente- que es un conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa y siente. Tan sólo la topología puede expresar ese aspecto conjuntivo, esa fachada de conjunto que como plano rodea ese vocablo que se cubre con los sonidos y los distintos símbolos. No sólo del hombre, sino también como se mostró en el libro del Génesis a Dios mismo. Curiosamente dentro lo que comúnmente se analiza lo que es el lenguaje; Dios no habla, su mutismo logra que se pierda esa imagen y semejanza que el hombre tiene con AQUEL.

Tanto el hombre como Dios con- parten las sendas del lenguaje. Ambos parten dentro del el como suelo y así… Dios con su expresión dona toda existencia y el hombre con su lengua, vuelve a presentar (re-presentar) lo dado en la naturaleza mostrando una diferente re-signación que no ha sido descubierta ni por la filosofía ni por las teologías positivas, que en su forma de conocer analítico y por ende evitando toda con-fusión, no escuchan, pues vociferantes les falta algo de silencio.    

Se hace hincapié con la topología como método que lenguaje deviene de lengua que se origina en el verbo lingo-lamer, por efecto, lo nombrado y lo que es posible articular se anidan en dicha conjunción corporal. Denota la lengua algo más que carne, pues expone a todo lo proferido dentro de ella una posición. El nombre sé posa, sé degusta, sé lame, sé acaricia, alcanzando con ello un tipo de sentido; en donde, lo mencionado y lo que aún no ha sido nombrado describe su formar de habitar en el lenguaje. 

Todo lo que es posible nombrar se posiciona en la lengua-cuerpo, para que ella pase y lo roce blanda y suavemente. Dicho pasar llega hasta el punto en que todo lo pronunciado es arrojado por medio de la voz hacia el exterior, en últimas, lo dicho se anuncia hacia el mundo en su realización como lo excelsamente nombrado. La llama es más que fuego, es al mismo tiempo un clamor que se debe escuchar. Todas las cosas reclaman un nombre, ellas en su darse, piden ser llamadas de “esa” y única forma. A lo mejor…aquello es el silencio del ser que lleva a todo hombre a convocar y expresar, en la pasividad del mutismo escuchado, aquello que se encuentra en su enfrente. El silencio del ser es aquella llama que quema el habla, y por el tacto, genera un tipo de combustión, donde el órgano sensitivo degusta aquello que le quema y le con-sede un soplo de significación. El hombre cuando en realidad es paciente frente a la llama del silencio del ser, la flama fulgurante revela el ente (en) su nombre, su darse centelleante en el lenguaje con-pasa una simple y sentida manera de Ser. En el lenguaje lo dado como Ser circula.

Ahora bien, si se admite que el lenguaje es un con-junto, se indica que gracias a la preposición con, es un suelo a modo de un acumulado, que como posición previa es circunstancia que acompaña de manera con-tigua, adherida, a todo lo que se habla, sé dice, sé discute, sé resuelve, sé expresa y sé siente. En este plano –o en el lenguaje – se hallan como nombres las cosas, las ideas, pensamientos, incluso, curiosamente, da cuenta de aquello in-nombrable. Es particularmente elocuente que lo no-nombrable de algún modo también se nombra. Al menos como palabras; el mutismo y el silencio cobran existencia…, tan sólo se evoca con todo nombre un modo de ser en el lenguaje.

Dentro del lenguaje como lugar el SER…SÉ mueve, serpentea, sé adhiere…sé acusa y también sé da. El Ser en sus formas en dativo y en acusativo ronda los linderos del lenguaje como verbo en infinitivo y sustantivo. Toda metafísica deja de lado el ser como verbo y como también su-jeto en una oración; su-pasar sentido en-el lenguaje es el olvido enmarcado por la analítica existencial heideggeriana.  

Ahora bien, el lenguaje como continente es un con-junto de eso lamido, un espacio desde el cual se hace referencia a la posibilidad de existencia de eso degustado y también con-cede declarar su inexistencia. Ciencia y filosofía, poesía y el lenguaje matemático, historia y ficción; sé-re-crean de forma constante en el lenguaje. Dichos modos de nombrar, no hacen parte de mundos distintos, por el contrario, son vecindades de un mismo y único lugar fundacional. El lenguaje es el lugar de re-creaciones que permiten con-fusiones, distintas mixturas que consienten entender que el Ser sé-dice de muchas maneras. Re-signaciones que habitualmente se usan y por ende se olvidan, silencios no descubiertos que instauran un nuevo nombre…pasivamente lo dado reclama a gritos una interpretación en forma de concepto, concebir nuevos conceptos es el aspecto creativo y artístico de todo filosofar. 

El lenguaje como suelo desde el cual todo lo dicho tiene su forma de habitar, está decorado por los signos que hacen de los nombres eso lamido y exteriorizado. Éstos como flores en la hierba, tienen su propia imbricación con tal topoy. Signo deviene del latín signum que significa marcar con una señal, por efecto, todo lo nombrado en el lenguaje sufre de dicha marca. Aquello con nombre y lo que aún no se ha nombrado, es modelado por tal conjunto, en tal caso se simboliza, se posiciona, Sé-halla-en el lenguaje. Todo lo describible se deja en-marcar como el bordado en la tela o como símbolo en hoja de papel.

El silencio y el hablar comparten según las gramáticas un nombre, diferentes flores que en su conjunción forman todo un jardín, mosaicos y muselinas, con-juntos que siempre acompañan. El diccionario es más que un ejemplo preciso de este con-puesto pues con-tiene en finísimas líneas e innumerables signos todo aquello nombrado, en donde cada significado y sentido le adviene su región, y no obstante, da paso a otra vecindad. El espacio tanto vacío como el lleno se forman e-n-t-r-e sí. En el diccionario, el sentido de cada palabra sé planta como semilla en la tierra, por ende no es casual que la tierra y el lenguaje se dejen labrar de la misma manera. Las líneas de los textos son vecindades de nombres, que en imagen y semejanza cobran movimiento; se forman en el lenguaje una grafía de expresión de un sentido que se manifiesta, circunda y de algún modo vive.

Libro deriva del latín lĭber, lǐbri. Lĭber que significan conjunto de capas fibrosas que forman la parte interior de la corteza de las plantas. Y Lǐbri denota el peso de determinada cosa. En ese caso, y haciendo la con-fusión topológica, en los libros se cultivan nociones; algunas de ellas cambian o desaparecen por culpa del transcurrir del tiempo, otras se recuerdan y se reinterpretan, y no obstante, en todo libro el sentido encuentra una realización. El libro es una capa fibrosa concedida entre el espacio vacío como lleno entre los signos; que están de esa única manera en su darse elocuente. El vacío y lo dado como signo forman un peso; en su conjunción se realiza de forma eminente y material en los libros, pues en ellos se hallan el sentido hecho nombre. El libro es la amalgama en donde aquello sentido y acariciado siempre encuentra un volumen; una expresión que también puede ser callada, extinta pero recordada, la lengua griega y latina, invitan siempre a una reverencia muda.

El mutismo se presenta dentro del lenguaje como una de sus posibilidades mediante ese espacio en el cual el libro es callado, ultrajado por el sentido que desea exteriorizarse, traducirse, moverse. Imposibilidad de un nuevo re-crearse. ¿Cuánto no sabemos pues ignoramos el nombre? ¿Cuánto más hemos dejado de rozar-tocar-percibir por impresiones que no dejan escuchar el silencio que pide constantemente un grito? ¿Por qué la filosofía ha dejado de circular en el mundo cotidiano de la cultura?


1. a. Dentro del lenguaje. El Sonido-existencia.

El que calla otorga

Refrán popular.


En el anterior apartado se mostró al lenguaje como conjunto, un continente que tiene bajo sus linderos, los nombres, las marcas que designan esa relación contigua y adherida que tienen con las cosas sentidas, dichas, re-significadas, como simples caricias que la lengua toca, que rosa-siente por medio del nombre cuando se exponen y se comunican, de este modo el lenguaje las cubre, las rodea, ya que dentro de él como suelo se plantan, crecen-residen, ascienden y se extinguen. Al posicionarse en la lengua, lo nombrado cobra un gusto, un sentido, todo un modo de ser. El lenguaje como suelo topológico, da una forma de sentir el mundo, por ende, para seguir el recorrido, es menester detenerse en la parte inmediata de tal continente, en la sección susceptible, positiva y palpable ante la vista con el fin de interpretar que en el lenguaje se hace posible la relación sentida con las cosas por medio de lo emitido.

La presente sección muestra el reino del sonido y la existencia, en donde la palabra realiza un contacto efectivo con lo nombrado, lo existente se resigna ante el topoy del lenguaje como su lugar de habitar. Se efectúa lo anterior de la mano con la fenomenología de Merlau Ponty que recorre precisamente esa relación eminente entre palabra y existencia, bajo el carácter de sentido-vivido que sé tiene al hablar. 

La palabra percibir deviene del latín perceptĭo que se distingue gracias a la preposición per que significa, a través, por medio de, y ceptio que se origina en el verbo capio que da el concepto de tomar, coger, capturar. En consonancia, la acción de percibir, al menos dentro de los límites de la etimología, no es otra cosa que tomar o captar por medio de..., sea, como lo establece la tradición filosófica y científica, por medio de los sentidos o a través de facultades inmateriales como el alma, la razón o la conciencia. Sin embargo ¿no es acaso la misma palabra p-e-r-c-i-b-i-r una forma de captar o tomar algo? Por lo menos la actividad etimológica pernea esa facilidad que tienen las palabras o nombres, y en su generalidad todas las marcas de captar-tomar un cierto significado que no es el habitual en el habla común. Y denota la etimología que la propia palabra tiene en sí una cierta historia, una implicación fuera de la significación y al uso comunicativo que obliga a detenerse en los distintos cambios que en ella se ha planteado o dicho dentro de los linderos del lenguaje.

Ahora bien, esa forma de captar y tomar algo a través de la palabra es abordada por Merlau Ponty en su libro Fenomenología de la percepción en el capítulo VI titulado El cuerpo como expresión y la palabra , en el cual, al centrarse en el fenómeno de la palabra en suma con el acto expresivo -corporal- se supera el abismo entre el sujeto y el objeto, lo material y lo intelectual, lo emitido y lo silenciado. Superación que descansa precisamente en el valor de la palabra como sentido expresivo de algo, ya que en el lenguaje, está la posibilidad de volver a presentar las cosas que se perciben. Es decir, en la palabra hay un re-presentar expresivo que no difiere de lo alcanzado a través de los sentidos como también por medio del pensar en general.

El logro que dona la fenomenología de la palabra, y por efecto, ayuda en el camino topológico, no es otro que otorgarle a las palabras, nombres y sonidos el estatuto de sentido, a la par como lo puede ser la vista o incluso el pensamiento. Sentir algo es de un modo eminente o semejante a hablarlo, expresarlo…decirlo… incluso callarlo.

Si se entiende que los nombres son representaciones, al interrogar lo que es representar, se muestra que deviene del latín repraesentāre que significa hacer presente algo con palabras, sin embargo, al contener el prefijo re, indica dicha posición previa, un cierto movimiento hacia atrás. Bajo este sentido, re-presentar es hacer presente algo que de antemano ya se encontraba. En mejores palabras, lo que ya se mostraba, gracias a la intromisión de lo dicho sé pauta, sé-señala de forma diferente cuando se emite en su presentación una marca. En el lenguaje sé planta, se constituye como nombre aquello que de antemano ya estaba presentado, de nuevo la re-signación aparece como efecto de la relación entre el hablar y lo otr@.

En la re-presentación-en el lenguaje, se encuentran tanto lo nombrable como lo innombrable, puesto que como nombres son señalados por medio de una marca, así, aquello que está inmediatamente dado como sentido existe en la inmediatez de la vista. Aquella luz que habla San Agustín en su comentario al Génesis, es más que una analogía, puesto que la luz alcanza a lo iluminado y lo ubica, lo constituye como existente al sentirlo por medio de los ojos. Al hablar, se da algo de luz sobre aquello que está posicionado en la posibilidad del conjunto del lenguaje y del mundo de lo dado. Aquello otro se siente -volviendo al Génesis- para que el hombre no se sintiera solo.

Lo otro aparece no tanto como cosa, o algo así a la mano de un Dasein impersonal y casuístico. Lo otro es actuante como acompañante del Dasein, pues ambos con-parten algo más que la mundaneidad del mundo, son un modo de ser en el lenguaje como lugar que los rodea y los cuida, habitan, di ligan. Sin embargo, la re-presentación dentro del topoy del lenguaje, concede evidenciar aquello que no se alcanza por medio de la luz, es decir, sentir aquello que no está inmediatamente a la vista, en ultimas, aquello que se encuentra en tinieblas sé alcanza. El Dasein ocupa luz en su interpretación del sentido del ser…sin embargo más que verlo ¿por qué en cada caso no lo escuchamos…no lo sentimos gracias a su revelación en el lenguaje? 

Luego, será el silencio una constante para aquel que sólo utiliza la vista a la hora de realizar su contacto positivo inmediato y visual con el mundo. Siempre el silencio estará presente en la posibilidad del lenguaje, puesto que aquello innombrable sé-siente pasivamente en el cuerpo. El silencio otorga algo de su reino cuando al suspirar sé trae al presente aquello que está ausente… en los oídos del que ama se escucha ese nombre que sólo está en su silenciosa y obscura cabeza. Elocuente es Becker en la descripción del reino del silencio…

”Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo (…) Pero ¡ay, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos! Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo”



1. b. Rodeando el lenguaje. Silencio-tinieblas.

Circulación del silencio del Ser.



En donde hay mucha luz es porque hay algo de obscuridad.

Y en donde existe la obscuridad mora siempre algo de luz.

Puesto que no se puede reconocer la luz sin las tinieblas y las tiniebla sin la luz.

Descripción oriental del ying yang.   



Si dentro del recorrido topológico se realiza aquella visualización de lo inmediatamente positivo a través de la emisión del nombre, se debe en igual insistencia prestar atención a aquella zona en la cual sólo se escucha, en la cual se debe cerrar los ojos y presentir aquellas con-fusiones que el mundo por medio de los sonidos y de innumerables marcas nos consienten sentir. En el reino del silencio tan sólo somos pasivos frente al nombre que se dona, tan sólo eso radicalmente Otr@ sé-pre-siente.

El silencio es re-presentado cuando callamos, y aun así, no pierde su carácter de mutismo mediante aquella acción, ya que mantiene su región vacía y de innombrable. En el lenguaje, se presenta el vacío limitado por un círculo o una línea, por ende, en el anterior recorrido rozamos con las cosas que se hallan dentro de aquel con-junto y ahora, pasivamente nos dejamos entre-tener mediante lo otro que no re-presenta. El silencio se siente mientras escuchamos; contrario que, mientras hablamos, se necesita esa pausa en la cual nos dejamos afectar por lo incógnito y tenebroso que ha de venir. 

El recorrido topológico se tropieza en los límites del silencio y lo innombrable dentro del lenguaje, puesto que, al igual que las tinieblas, sustentan como limite lo que realiza la emisión del nombre como luz.

Lo ambiguo, lo que se halla no en su forma local- existente, evidente a la vista, en ultimas positiva como se mostró en el recorrido anterior, se halla previamente condicionado por un reino obscuro, negativo y actuante como una generalidad dentro del conjunto del lenguaje, ya que, el silencio como espacio vacío con-cede que entre las letras se genere un sentido innombrable pero siempre presente. A pesar de la seguridad que acontece en el nombre y del signo, se halla previamente como condición obscura, censurante ante lo “claro y distinto” y actuando como una generalidad dentro del conjunto del lenguaje, el silencio como espacio vacío que entre las letras genera un sentido innombrable pero sentido; tenebroso anterior y previo. Lo que ha de venir genera angustia y expectativa…límite que condiciona y libera.

Por efecto, lo obscuro no tiene nombre, es tenebroso, inseguro en nuestra pasividad sale al encuentro. Revelación sentida hace que Saulo de Tarso caiga del caballo, al cerrar sus ojos el que persigue se convierte en perseguido, el tacto con lo otro siempre genera un nuevo nombre. Lo furtivo, incógnito, no-dado todavía… genera pánico y desnudes ante el sentido activo, puesto que no hay aquella luz que permita ubicarlo, darle una sutil marca para iluminarlo. Sin embargo, aunque la vista es un modo de sentir el mundo, se siente también a través del lenguaje, como también de los otros sentidos como el oído, al cerrar los ojos también vemos y sentimos, de un modo significamos, desconfía dice mi abuelita cuando una mujer te bese con los ojos abiertos.

Es está obscuridad, en ese espacio vacío que permite el silencio, se muestra en las líneas separadas y entre las letras que habitan plantadas en todo libro o en cada conversación que en fin dentro del mundo perceptivo común pero sin final como en todo lenguaje… circulantes se re-crean tanto el hablante como el escucha.

Dentro del sendero (método-camino del lenguaje), se confecciona al mismo tiempo la marca-el signo y el vacío o el silencio, para que en su con-fusión se sienta lo dado. El músico o el pintor, tienen la facilidad de crear un modo distinto de sentir las cosas, ya que precisamente pueden amalgamar lo que tienen a su mano. Las letras, la música, los colores en su mixtura forman una re-presentación muda, crean con ello otra cosa, la marca re-presenta de manera distinta y así se crea algo nuevo. Más que resignificación, el reino del silencio concede una re-creación.

Al escribir se muestra el reino del silencio en las hojas blancas de papel, aquel mutismo y sumo silencio que sólo ellas aportan, y a pesar de la pregunta retórica de San Agustín en su interpretación “clara y distinta” al Génesis, generan todas ellas un mudo-sentido. Se origina otra forma del sentir el mundo pues evidentemente se escucha esa otra presentación proporcionada por la grafía-sentida del escritor. Al escribir, se posiciona cada letra en un orden establecido en las hojas de papel, la letra y lo nombrado, cobran su sentido positivo en la eficacia del silencio como límite del continente del lenguaje. Si no fuera de ese modo, las hojas blancas de papel, todas ellas llenas de luz, pero en su elocuente silencio, difundirían como un desierto helado la verdadera nada. Es menester por tanto, que la tinta obscura de la pluma imprima una marca, hiera lo inmaculado de la hoja blanca de papel para trasmitir por medio del nombre un sentido.

El lenguaje como conjunto “con-siente” esa plasticidad de nombrar y callar un sentido darse. Se recuerda que la condición de posibilitad para todo aquel que ha de hablar no es otra cosa que estar enmarcado en el límite silencioso del lenguaje, en el Génesis es Dios el primero que habla, y es Adán el que le escucha ¿No es acaso esa ambivalencia entre emisión y silencio lo que realiza un creyente en todo el fenómeno de la religión? La oración en su eminencia hace más parte del fenómeno religioso que todas las gramáticas y la lógica juntas.  

Aquellos que a lo lejos o tan cerca se han de nombrar, es debido a que “provocan” algo más que una sensación en el vientre. En el nombre, el lenguaje acompaña al deseo de lo radicalmente Otro, y de nuevo en la pasividad, se declaran y revelan ante la conciencia como eso mismo (…) El ser simple pero radicalmente profundo se presenta de mejor forma en lo dado en su silencio como invitación, a comparación a toda la información que la enciclopedia británica ofrece. La teología creé que la palabra es por el sonido, pero sin mutismo, lo dado en ella es solo un bramido sin significación…Darse cuenta del mutismo misterioso de Dios, es derrumbar la ostentación púrpura –romana- del vaticano y darle al fuego un poco más que un libro.

La teología positivista no ha dado cuenta del silencio revelador de la zarza ardiente y la historia técnica de la filosofía debe volver a interpretar a Heráclito, en tanto la relación entre el logos y el fuego. El silencio del ser, corre el velo y desnuda en el nombre lo que existe en toda posibilidad de cada ente; las cosas sé-destinan a sí mismas, y en ella[s] se muestra algo más que revelador, es un en-canto cuando lo femenino se desnuda sin esperar nada a cambio; todas ELLAS generan la donación profunda de la vida cuando en su silencio, es el mundo quien recibe una existencia mediante el grito de un niño.

El mundo de la vida dentro de la fenomenología canónica es activo, cuando paciente escucha el estruendo del llanto de niño. El nombre como espuma en el mar o belleza de la mujer, o el tan poco interpretado Yo-Soy-Él-Qué-Soy, son silencios que piden a gritos de infantes más de una y mil interpretaciones. Más que juicios cuentos…infinidad de oraciones que es imperante crearlas y donarlas. 

La fenomenología al igual que la música está conformada de silencios y concordancias. Donde el conocido dicho musical -“ir hacia las cosas mismas” es el lema no de la conciencia intencional, sino de eso mismo que pide un escucha. Lo dado expresa sin habla su sentido como fenómeno, éste es el verdadero “grito” en el cual lo otro es más que una lisa pintura dentro de la historia del arte. En el cuadro de Edvard Munch el silencio grita. En el destino, el lenguaje dona su espacio para dar el sabor y todo sentido a lo otro que llama-quema y lo simboliza a modo de marca.

El estilo de filosofar de Husserl, intento con la lógica anudar lo que es destino y sentido, sin la intromisión del lenguaje técnico y habitual de las ciencias positivas, descubrió un movimiento intencional de una conciencia cada vez reducida a su silencio donado por la expresión del fenómeno. La conciencia tanto en vigilia como dormida, declara en su pasivo asombro aquel llamado del otro diferente que le impresiona, la huella o cualquier teoría del símbolo, es el escueto teórico de la marca que deja la flama del silencio inagotable del ser. Lo teórico desea que el toque entre lo divino y lo humano se estanque en un juicio, se muestra gracias a dicho intento, que la filosofía positiva subordine lo estático sobre lo movible, como sí el mar en toda su profundidad rindiera culto al pico sin gracia de una ola. Por el mar la ola y del genio el pico sin gracia. 

El silencio del ser acusa a la ciencia con su mutismo el genuino mal gusto-sin-sentido, es la técnica y el filosofar como acción, pues se estancan en lo dicho en su constante camino histórico, y no le conceden a lo nuevo un espacio de re-creación. Jugar y filosofar comparten algo más que su moverse en infinitivo. Las ciencias positivas y la filosofía sin gusto ni expresión son ramas chamuscadas que pretender ser LA ZARZA ARDIENTE, Ellas en su vestido técnico y frío procuran que lo inmediato del uno aniquile la voz de la multiplicidad de la línea y el círculo, sin-sentido es lo que reprocha el mundo cultural y habitual tanto al filosofar como a todo creer.

La ciencia aconsejada por la filosofía en su historia, generan en todo su bramido sin movimiento ni gracia; la indiferencia que aniquila el estallido de la ola cuando choca tiernamente ante el risco de la playa, que paciente, sede a una forma única e irrepetible, muda, es ella como todo lo femenino una constante innecesaria y por eso bella. Surgimiento de otra filosofía.     

Lo Otro, bajo la materialidad ligera del susurro del nombre, tiene en el fuego su materialidad y toda potencia, frente a ÉL se debe desnudar los pies, pues es un todo espacio al cual se le debe recorrer desguarnecido, AQUEL es tanto fuego como palabra y palabra tanto como fuego. Bajo el silencio del sentido, las lenguas de fuego son algo más que una metáfora, son una donación a modo de pintura dónde la teología cristiana no ha detenido interpretación alguna. La palabra con fuego penetra hasta los tuétanos, escalofrío que invita al calor del quien habla, simple temor y temblor, del cual Kierkegaard donó toda su experiencia del absoluto. Secreto de la poesía que da cuenta del sentido calórico de la palabra, su misterio invita a todos a refugiarnos en...

Es el silencio del ser que lleva a todo ente a su nombre como su más sí mismo, con-sede vivir con el nombre como se relacionan los hombres con el cuerpo, en el nombre no se diferencia existencia real o fantasiosa, la interpretación del artista y el personaje dentro del texto teatral denotan algo más que interacción, el personaje es por su acción artística y el actuar artístico es por el personaje lírico, toda una mónada en donde el silencio actúa. En los teatros el público no da cuenta analíticamente de la obra…simplemente escucha, se divierte sé entre-tiene.     

De este modo se llega a la Rosa como la máxima re-presentación en tanto que su descripción y distintas presentaciones siempre se escapan a la mirada que no la deja ser. La rosa como flor, emite no sonidos pero si la marca de lo bello y del sentido que aliviana el gusto, la rosa infringe en el sentido un gusto tal, que activamente afecta para aquel que atento, está dispuesto a escucharla. En la rosa se encuentra, la poética, la risa, la autoridad y La Razón, como en el libro de Umberto Eco. Es ella como nombre que otorga un gran silencio que con-sede llenar de infinitos sentidos. Se lee en la rosa que toda ella se desenvuelve como de afuera hacia dentro y también de adentro hacia afuera, ella acoge con sus pétalos pero también los libera, en últimas, es tan sólo un nombre entre nombre, peculiar existencia que dona sin palabras pero con signos un sentido re-creado en el lenguaje. Sé- rosa lo otro mediante el nombre, y de adentro hacia afuera o de afuera hacia dentro encontramos ese silencio constante que viabiliza toda creación.

Es todo lo femenino mi rosa, de algún modo toda ella pide llamarse así; y con su llamado, hay una forma de sentir… un modo –nunca el único- de revelar la posibilidad de su ser, en el cual, ella llama-quema y por eso me afecta como actor pasivo que recibe la instrucción del texto.

Encontré bajo la interior interpretación, el límite que con-sede toda apertura; el silencio que suplica y lleva como Eneas a su Padre a la más profunda descripción que dice su-es. Nuevo destino es escuchar el silencio que dice de las cosas lo que son en tanto llameantes, vacilantes como luz danzarina de una vela que en la obscura habitación tiene más que un sentido. El ser desea ser obscuro por ende ni la idea ni la substancia en su claridad pueden dar cuenta de él, sin embargo, más que ver al ser…por qué no lo huelen, lo escuchan… en verdad ¿por qué no lo sienten?

Silencio.

Silencio el sonámbulo testigo.

Silencio mi fiel amigo.

Silencioso arrastras por mi boca

cuerpos de hombres desconocidos.

Silencio que entibias las noches.

Silenciadamente ya es todo un vicio

Silencio el único en encontrar

las palabras que necesito .


Daniela Carvajal.







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