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Andrea DÍAZ GENIS: "SØREN KIEKEGAARD: UN HEGELIANO EJEMPLAR"

(Universidad de la República - Uruguay)


“Los fanáticos de la lógica son insoportables, como las avispas.” Nietzsche
“¡Veámoslo! Un pensador acaba de construir un enorme edificio lógico, un sistema, un vasto sistema que abarca toda la existencia y toda la historia universal, etc, etc. Ahora bien, consideremos su vida personal. ¿Dónde habita? ¡Asombroso! Lamentable y ridículo a más no poder! Porque nuestro pensador no habita personalmente , como cabría esperar, en ese espléndido palacio de bóvedas altísimas, sino que habita en las caballerizas del al lado, o quizás en la misma perrera , o a lo más en la casita destinada al portero del palacio. Y Dios te libre de que se te ocurra venir a insinuarle que se dé cuenta de semejante contrasentido, pues no te puedes figurar lo mucho que se disgustaría. Ya que no le atemoriza para nada lo de estar en el error, su única preocupación ha sido lograr acabar el sistema, precisamente aprovechando que estaba en el error” Kierkegaard, El concepto de la Angustia.

La lucha de Kierkegaard contra Hegel, su contrincante teórico número uno, no es un tema menor, funda toda una manera de hacer filosofía que es un signo distintivo que va a ser fundamental para la historia del pensamiento. Nos retrotrae a una lucha muy anterior y un supuesto triunfo de una línea del pensamiento filosófico que llega hasta Hegel, pero que de alguna manera surge en Sócrates, y más precisamente en el Sócrates de Platón, o en Platón mismo. Se trata del triunfo de lo general sobre lo particular, de la idea, de lo racional que se identifica con lo real en Hegel. ¿Qué se opone a esta línea de pensamiento? Otra historia de la filosofía que rechaza esta identidad, que se encuentre precisamente bajo el signo adorniano de la dialéctica negativa, el rechazo de toda posible identidad entre lo particular subsumido por lo general, la cosa por el concepto, la diferencia eliminada por la igualdad, o integrada en una síntesis que la supera, lo real identificado con lo racional.
Dice Delmira Agustini en un poema que me gusta mucho:
Yo muero extrañamente, no me mata la vida,
no me mata el amor; muero de un pensamiento mudo como una herida…
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
De un pensamiento que se arraiga a la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abraza enteros y no daba un fulgor?

Pensamiento mudo de Delmira, la cosa-índice de una dialéctica negativa en relación al pensamiento, el Particular, que está por encima de lo General en Kierkegaard, la afirmación de la vida como voluntad de poder en Nietzsche, la angustia, la nada, kiekergaardiana, la autenticidad heideggeriana, el asombro que da cuenta de por qué el ser y no más bien la nada, la maravilla aristotélica. Incluso, “el yo soy amigo de Platón pero más amigo de la verdad” de Aristóteles, no puede ser sólo entendido como un gesto de la idea que triunfa sobre la realidad, sobre las pasiones, sobre el inconsciente, puesto que éste siempre se rebela, y hace sentir “su razón”, como la idea del cuerpo nietzscheano, que no dice yo, pero hace yo, etc. Esta lucha entonces, kiekergaardiana contra Hegel, es el escenario de toda una lucha con una forma de entender la filosofía que, como dice Adorno, “desde que prometió ser idéntica a la realidad, está obligada a criticarse sin consideraciones”. Una filosofía que se abre al absurdo, a lo inexplicable, a la diferencia, a lo particular, como particular, no-subsumible, único e irrepetible. Podemos preguntarnos si en definitiva pensar no es siempre olvidar las diferencias, como dice el Borges del cuento Funes el memorioso. Si atrapados en un lenguaje que se maneja necesariamente con conceptos que son incapaces de dar cuenta de la singularidad, pues eso strictu sensu sería un imposible, dado que la hoja que veo de las 7 y un minuto no es la misma que la de 7 y dos minutos, y por otra parte, si le digo hoja, me olvido la hoja que x1 es diferente a la de que x2, etc. Precisamente Nietzsche en su maravilloso texto acerca de la Verdad y la Mentira en un sentido extramoral, alude a esta característica del lenguaje, del pensamiento y el conocimiento que se expresa a través del lenguaje, y que encuentra lo que ya había determinado de antemano. Defino hoja, luego digo he aquí la hoja, no descubro realmente, sino algo que ya había determinado de antemano. Y esa es la condición que comparten, aun siendo en principio bastante diferentes Kiekerkegard y Nietzsche, que es la de un pensamiento trágico, el pensamiento trágico no sólo es aquel que buscar integrar la vida al pensamiento, y con ello, sus cuestiones más importantes, el problema de la muerte, el sentido de la vida, el problema de la angustia y la desesperación etc. sino que es trágico también porque resiste, niega una identidad entre el pensamiento y la vida, señala o es índice de lo que no puede ser subsumido en el pensamiento…señala además la validez de esto que es señalado y no puede ser pensado o comprendido, abarcado, totalmente desde el pensamiento, que es la existencia, la vida misma, que en el caso de Nietzsche es voluntad de poder, y en el caso de Kierkegaard es siempre la posibilidad de elegir entre diversos caminos, formas distintas de experiencia, alternativas que nos colocan frente a la soledad, la angustia y la desesperación. El acto supremo de esta elección que supone un salto cualitativo, es precisamente el salto de la fe, que es siempre un salto hacia lo absurdo. En la versión española se encuentran en esta línea precisamente Unamuno, y su sentimiento trágico de la vida, y María Zambrano, una filósofa poeta, a la que habría que prestar también atención. No hay que olvidar que el hombre Kierkegaard está atravesado por el sentimiento de angustia, que siempre es angustia de la nada (no como el miedo, que siempre es miedo de algo), por una "astilla en la carne" que algunos encuentran explicables atendiendo a la biografía del filósofo (V. Whal Jean, 1956). Más allá de lo biográfico está la desesperación ante lo inevitable, como tan bien lo muestra Unamuno: "(...) tú y yo y Spinoza, queremos no morirnos nunca, y que éste nuestro anhelo de nunca morirnos es nuestra esencia actual" (1990:6). Y más adelante:
"Recógete, lector, en ti mismo, y figúrate un lento deshacerte de ti mismo, en que la luz se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido, envolviéndote en silencio; se te derritan de entre las manos los objetos asideros, se te escurra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en desmayo los recuerdos, se te vaya disipando todo en nada y disipándote también tú, y no aun en la conciencia de la nada te quede siquiera como fantástico agarradero de una sombra" (:25).
La paradoja del individuo es para Kierkegaard vivir en la finitud y en la infinitud, en tanto que el hombre participa también de lo divino. El esfuerzo máximo del hombre debe consistir en dejar llevarnos por esa voluntad mayor que la nuestra, en sentirnos construidos por el Absoluto que es Dios. La fe es una pasión por lo imposible, que es también repetición. Hegel es el filósofo que nos quiso mostrar el mundo como sistema ordenado, como totalidad racional. Ahora la individualidad es algo irreductible, no puede entrar en ningún sistema. Dicho de otro modo, como dice Wahl, no hay sistema de la existencia. La sola verdad será yo mismo como existente. Kierkegaard se niega a ser un momento en el desarrollo de la idea. A la búsqueda de objetividad que obsesiona a los hegelianos opone lo que llama el pensador subjetivo, el que vive el mundo en secreto no en el mundo público del sistema hegeliano. Cristo no es como lo concibe Hegel, el que concilia lo individual con lo general, lo real y lo racional sino el Dios de los Creyentes. En el pensamiento de Kierkegaard, lo interno no es lo externo, lo subjetivo no es lo objetivo, la cultura no es la religión. Los momentos se reafirman no como momentos sino como absolutos. Repetición no es la inmanencia sino de la trascendencia. El pensamiento objetivo se opone a la existencia, pero hay un pensamiento existencial, donde pensamiento y existencia luchan entre sí, dado que el yo es una tarea. Veamos el caso de Job. Al ver firme la voluntad de su siervo, Dios le duplica todo lo que antes había tenido y le había sido quitado. La repetición no es posible para lo humano, pero sí para lo divino, y para el hombre que se acerca a lo Absoluto a través de la fe. Esta fe no puede ser entendida por medio del razonamiento. El acto de fe es un salto cualitativo, un perderse en la pasión que recupera lo perdido y aun obtiene mucho más. Creer es para Kierkegaard rechazar toda mediación filosófica, toda justificación. Y nunca nadie es cristiano, sino que se llega a ser cristiano, y se llega principalmente a través del escándalo.
También es escandalosa la fe de Abraham, otro de los paradigmas de la fe y de la filosofía existencial para Kierkegaard. Dios le pide que sacrifique a su primogénito Isaac, y él prepara todo para darle muerte. En su libro Temor y Temblor (2000) nuestro pensador recrea literariamente los posibles pensamientos de esa hora angustiosa. Aparece allí la fortaleza de la fe, junto a la desesperación de un hombre que está obligado por esa misma fe a hacer un acto no solamente absurdo, sino contrario a la moral, un crimen. Finalmente, Dios le dice a Abraham que no mate a su hijo, pues ya ha probado su fidelidad a Él por sobre todas las cosas, y que en su lugar sacrifique un cordero. Abraham es recompensado por su fe con una descendencia infinita de todas las naciones, que es la comunidad de los creyentes de su religión, que atraviesa el tiempo y el espacio. Aquí vemos otro claro ejemplo de la suspensión de lo ético por lo religioso.
Obedecer el mandato de Dios, al menos en su primera indicación, visto con el sentido común, convertiría a Abraham en asesino. Aquí lo Particular, entendido como lo individual, la subjetividad, se entiende con lo Absoluto sin las mediaciones de lo General, que vendría a ser el mundo de la necesidad establecido por lo ético. Aquí el "debes" está suspendido por la fe. La necesidad aparece en la máxima moral que entiende que el padre debe amar a su hijo. Esta máxima se convierte en algo relativo en el ámbito de lo religioso. La prueba de la fe suspende lo ético por un momento superior, lo religioso, que hace participar a lo finito de lo infinito.
Se dice, dice Kierkegaard, que Abraham es fácil de superar, y es fácil de entender; lo contrario se dice de Hegel. Pero ocurre que es al revés, precisamente lo difícil de entender, para nuestro filósofo, es Abraham, pues allí estamos ante el absurdo, no el absurdo del sinsentido hegeliano, pasajes oscuros que ni siquiera Hegel mismo podría haberlos entendido, sino ante el absurdo sustancial, del más allá de la razón que implica la fe. Lo que paraliza a Kierkegaard es la conciencia de que no se puede entender a Abraham, si la ética la juzga es un asesino, obedeciendo a Dios, se transforma en un ser piadoso pero inmoral..Es demasiado fuerte el desafío que le pide Dios.
.Refiriéndose a Abraham dice:
"…creyó que Dios no le exigiría a Isaac, pero al mismo tiempo se hallaba dispuesto a sacrificárselo, si así estaba dispuesto. Creyó en virtud del absurdo, porque no había lugar para humanas conjeturas, y era absurdo pensar que si Dios le exigía semejante acto, pudiera, momentos después, volverse atrás. Ascendió por la montaña, y todavía cuando ya relucía el cuchillo creyó…que Dios no le exigiría a su hijo (….). Creyó en virtud del absurdo, pues las conjeturas humanas hacía mucho que se habían agotado. Abraham no se integra a lo general. Esto es no actúa éticamente, actúa por la fe, da un salto a lo absurdo..Aquello Particular, como Particular se haya por encima de lo general. De lo que nada se quiere saber es sobre la angustia, la miseria, la paradoja” (:96)
O bien Abraham es un asesino o nos encontramos ante una paradoja incapaz de ser subsumida por ninguna mediación. El centro de la reflexión es la existencia, por eso no se puede hacer filosofía en estos autores, sin involucrarnos biográficamente. La paradoja de la fe es precisamente la cuestión de que el Particular es superior a lo General, es decir a lo ético, o al momento racional que subsume o explica lo Particular…o define su relación con lo general por la relación que tiene con lo absoluto..El padre debe amar a su hijo, es todo relativo, en relación a la fe en lo absoluto. La fe no media en lo general, de hacerlo quedaría anulada…143. El héroe trágico, como héroe ético, abandona lo particular, en virtud de expresar lo General, el caballero de la fe, renuncia a lo general, para afirmar lo particular a través del absurdo de la fe. Si la ética es el momento fundamental en la vida de un individuo, Abraham está perdido. Es el asesino, o el que ha intentado asesinar a su hijo y nadie lo puede salvar. Pero si el momento religioso es el momento superior en la vida del hombre, por la fe el hombre se salva. El justo vivirá por la fe. Todo lo que no viene de la fe es pecado como decía San Pablo. Job le devuelve los derechos al llanto y a los gritos desterrados por la filosofía especulativa. La cobardía humana, nos dice Kierkegaard, no puede soportar lo que nos dicen la locura y la muerte. Los hombres le vuelven la espalda a los horrores de la existencia humana contentándose con las consolaciones que le da la filosofía especulativa hegeliana. Job fue bendecido, se le dio todo por partida doble. No se deja engañar por las mentiras de la ética. Cuando todas las posibilidades humanas han mostrado su imposibilidad, allí aparece la repetición.

FILOSOFÍA EXISTENCIAL VERSUS FILOSOFÍA ESPECULATIVA
La filosofía kierkegaardiana es calificada como existencial en oposición a la filosofía especulativa de Hegel. Proporciona, no la compresión sino la vida, nos dice Kierkegaard. Y el justo vivirá por la fe. Este es otro nudo muy importante dentro de la propuesta kierkegaardiana, su oposición a la filosofía especulativa. Con ella no sólo menciona a Hegel sino a todo el simposio griego y a Kant, entre otros. La filosofía especulativa existe a partir de la idea de necesidad. Se detiene ante el imposible. Lo contrario del pecado es para Kierkegaard la fe. Solo la fe nos libera de la necesidad, como una de las verdades de la razón. El punto donde la razón se detiene ante el imposible. Solo la fe libera al hombre de las verdades necesarias. Supongamos que realmente Abraham tuvo un intento de asesinato, y que Job realmente perdió todo lo que perdió. Ante el tribunal de la ética, ante el tribunal de la razón, es imposible no considerar a Abraham como un loco, o un asesino, y a Job como un hombre que lo ha perdido todo. Para la filosofía especulativa tal y como la piensa Kierkegaard, lo que propone la filosofía existencial es absurdo. No se puede volver atrás, no se puede recuperar lo perdido, no se puede tener lo mismo, lo que se perdió. Es sumamente interesante que Kierkegaard se acerque mucho al gran clásico ruso, Fedor Dostoiewski. Kierkegaard abandona a Hegel por el pensador privado Job. Dostoiewski hizo lo mismo. Pueden llegarse a entender sus novelas como dice Chestov, como variaciones sobre el tema Job. Tanto Kierkegaard como Dostoiewski luchan enfervorizadamente contra el poder que el saber proporciona. Como el pensador danés, el escritor ruso lucha desesperadamente contra la verdad especulativa y contra la dialéctica humana que reduce la revelación al saber. Dice Dostoiewski en Memorias del Subsuelo (1949):
"(...) pero la razón no es más que la razón, y sólo satisface la capacidad de raciocinar, en tanto que el deseo es la manifestación de la vida toda; es decir, de toda la vida humana, incluso la razón y todas las comezones posibles" (:1446).
Más adelante dice:
"(...) reconozco que dos y dos son cuatro, pero eso de ponerlo en las nubes...; ¿cuánto mejor no es esto otro de dos y dos son cinco?" (:1449).
El dos y dos son cuatro pertenece a la esfera especulativa de la matemática y hasta nos resuelve problemas prácticos de la vida, pero no los enigmas de la vida, los problemas fundamentales de una filosofía existencial. Es mejor el dos y dos son cinco, porque para estos escritores, la vida está asentada en el absurdo, el capricho, el deseo, lo irracional. Hegel, contrincante número uno de esta perspectiva del pensamiento, no filosofa acerca del hombre de carne y hueso , y no resuelve los problemas que verdaderamente nos importan. Todas los dilemas son disueltos en una filosofía que proclama la identidad de lo racional y lo real, cuando lo real se presenta por doquier como lo inaprensible, lo que supera en todo a nuestra capacidad de comprensión. Para Kierkegaard, este filósofo no resuelve el problema individual, el problema o el dilema del hombre concreto; el reclamo del hombre de carne y hueso, asentado en el absurdo de la vida, que necesita responder de alguna manera al sentido de la pérdida, el sufrimiento, el deterioro, el desgaste y la muerte.
En vez de refugiarse en un filósofo conocido, nos dice Constantino Constantius en La repetición, su joven amigo enamorado se busca en su pensador privado Job. Sufre con él todas sus penas, filosofa con él y finalmente encuentra la revelación en la fe. Se filosofa a partir no de la admiración, nos dice Kierkegaard, sino a partir del dolor, de la desesperación, de la angustia. Kierkegaard es un filósofo de la angustia. Su conocido libro sobre El concepto de la angustia (1946), busca el pecado original precisamente en la renuncia del hombre al árbol de la vida, y en su búsqueda del árbol del saber, o del conocimiento del bien y del mal. Es decir, en su resguardo en el pensamiento, en lo racional, renunciando así a la vida y a la fe. La angustia surge ante la nada, y el saber pretende ser una respuesta frente a la angustia que realmente no cobija. La verdadera respuesta frente a la angustia que es angustia de la nada es la fe.
Job dice que si sus sufrimientos pudieran ser pesados en una balanza, pesarían más que la arena del mar. Renegar de Hegel es renegar del árbol del saber, implica renegar de la razón y colocarse en manos del absurdo. La vida no tiene sentido dirían tanto Albert Camus como Nietzsche, pero igual la quiero, la prefiero a la no-vida. La elijo. Aunque no la pueda elegir. Aún con su absurdo. Lo de Kierkegaard es otra cosa, salto al absurdo porque creo, y todo me es devuelto por esa fe. El término "salto" tiene un sentido muy especial en Kierkegaard. Se trata de una metáfora por medio de la cual nuestro autor caracteriza el movimiento de la existencia, movimiento esencialmente distinto al dialéctico-hegeliano. En el pensamiento de Kierkegaard el concepto de "ruptura" es esencial, y se da a través de tres estadios como ya hemos mencionado. En estos diversos "estadios de la vida" hay un punto en el cual, las modificaciones que la vida experimenta se hacen inminentes, es el salto a lo religioso, especialmente el salto de lo ético a lo religioso. La categoría de "salto" es algo que corresponde a la vida individual y no tiene nada que ver con lo universal. En el salto a lo religioso, lo imposible, que la razón y la ética habían decretado como imposible, se torna posible para Dios. Esta verdad implica, según Chestov , poner en duda los mismos fundamentos y cimientos del pensamiento filosófico, nosotros diríamos del pensamiento en general. Quien no acepta que hasta el principio de no- contradicción puede ser violado, hasta la misma ley de gravitación universal, por la fe, peca contra Dios y se transforma en un caballero de la resignación. Perder, en definitiva, la libertad, frente al destino, o a la necesidad. ¿Pero qué importan estas verdades frente a la locura y la muerte?, pregunta Kierkegaard. Frente a la desesperación, nos queda querer lo imposible, creer. Cuando Moisés buscaba su tierra prometida, no tenía idea hacia dónde iba. Mientras sea libre, el hombre jamás trocará los frutos del árbol de la vida por los del saber. La nada ha dispuesto las cosas de tal manera que todo lo que nazca, perezca. La realidad está sometida al tiempo. Kierkegaard sabía que esto era el límite, que todo lo que nazca, perezca, es decir las consecuencias de la temporalidad y el devenir. Para Kierkegaard todo es posible, y la eternidad que no es posible para el hombre esclavo de la temporalidad y del devenir, es posible para el hombre en contacto con Dios. La repetición se hace evidente, cuando todas las posibilidades humanas evidencian su imposibilidad.
Todo lo que comienza tiene su fin. Nadie puede oponerse a la Necesidad. Kierkegaard opone su absurdo Job contra Hegel; a Abraham contra Sócrates. El más grave pecado del pensamiento es haber perdido la capacidad de clamar, en haberse rendido ante lo dado, ante lo inevitable. El hombre peca, piensa mal si acepta lo que le ha sido dado, por terrible que sea, como definitivo. A la especulación filosófica teórica, se oponen los gritos y llantos de Job, la fe que no tiene argumento. Los hombres, dice Kierkegaard, se han hecho demasiado "objetivos" para aceptar la bienaventuranza eterna. La objetividad despoja al alma de la pasión y de su interés personalmente infinito. La angustia y la nada van emparejadas. La angustia como propia del saber y del pecado y no de la inocencia. Pero cuando se plantea la libertad de espíritu, allí la angustia desaparece. Para Chestov, esta nada es el destino; nada puede ir contra él. Tras haber perdido la libertad frente a la necesidad, queda la nada. En el mismo momento en que el hombre descubre las verdades generales y obligatorias -llámese Sócrates, Kant, o Hegel-, en ese momento se revive el pecado de Adán, y se come del árbol del fruto prohibido. El pecado es del saber, de la razón y sus verdades necesarias, de la ética con sus exigentes categorías. Estos son los frutos que hacen impotente al hombre y les quitan las ganas de luchar. Donde se identifica conocimiento con verdad estamos perdidos: no hay nada que hacer. La repetición es el triunfo del absurdo sobre la razón, de lo imposible posible sobre la necesidad, el triunfo del sí se puede aunque todo parezca perdido.
Ese es el mensaje sustancial de la Biblia para Kierkegaard, y ese mensaje va contra todo el simposio griego, contra todo un movimiento del pensamiento en Occidente que ha puesto hincapié en las verdades de razón, y se ha olvidado de la fe y del sentimiento. Que ha puesto hincapié en la admiración y no en el horror y la desesperación. Como decían Horkheimer y Adorno (éste precisamente hace su tesis doctoral sobre Kierkegaard ), el grito de los desesperados y oprimidos denuncia la no- identidad entre verdad y hechos, entre razón y realidad. Lo absurdo, que significa que todo es posible para Dios, la repetición es posible porque Dios se relaciona con el hombre, porque Dios esta más allá de las verdades generales, obligatorias y racionales. Al decir todo es posible para Dios, Kierkegaard se desvía de toda una ruta seguida por la humanidad pensante, la filosofía especulativa ha surgido de la angustia infinita frente a la nada, frente a la irreversibilidad del destino, frente a la inevitabilidad del paso del tiempo, de la irrupción de la novedad, el desgaste y la muerte. Sin embargo, hay otra ruta, que no implica el amor fati nietzscheano, que implica aceptar lo irracional e ir más allá de la razón y la ética, de ir más allá del destino, esta ruta es mostrada por el judeocristianismo, y retomada e interpretada por Kierkegaard. La filosofía no puede conceder fe al hombre, pero puede reconocer sus límites, y no impedirle que se le prive nada al ser humano con sus habladurías. El concepto para Adorno no es la realidad, la "realidad" queda como negada precisamente por la idea, y determinada a priori idealistamente . Lo inalcanzable, la utopía es esa misma realidad. La filosofía no concede fe a los hombres, pero no tiene derecho a quitarles esa fe. El punto de partida de la filosofía no será el recuerdo (la reminiscencia) como era en el caso de los griegos, sino la repetición de lo mismo. Es decir ese salto cualitativo más allá del saber, que nos pone en manos de lo trascendente.
En una nota que Kierkegaard hace en El concepto de la angustia (1946), hace referencia al concepto de la repetición, y allí menciona, tratando de hacer una síntesis, lo que según él es la idea fundamental del libro La Repetición. La repetición nos dice, tiene que ver con la "pasión por el absurdo". O se ha suprimido la existencia entera con la ética, o comienza la vida entera no en continuidad inmanente con lo anterior, sino a través de una trascendencia, de un "salto". Y este salto es eminentemente religioso. Cuando no se admite la repetición, la ética se transforma en una potencia despótica. Otra palabra clave es la fe, es en la fe que empieza la repetición. Las palabras fundamentales del pensamiento de Kierkegaard: absurdo, fe, salto inminentemente religioso. Constantino dice varias veces en este libro que la repetición es una categoría religiosa (como creemos que lo es también en el mito), trascendente, un movimiento en relación con lo absurdo: "la eternidad es la verdadera repetición" (:23). En este punto de la mediación es otra lucha de Kiekegaard con Hegel. El resultado de la mediación es producto de haber pensado la realidad como razón. En la mediación no hay salto. Aquí no hay nada que mediar, hay salto hacia lo absurdo, hacia lo absoluto de la fe…La filosofía no debe limitar la fe, debe dar lo que puede dar y no exceder estos límites. No puede tratar como nadería, a lo que ella no puede acceder…El pensamiento mudo, el índice, el resto, es a lo que no accede la filosofía, pero sí la fe….La razón hegeliana no puede captar este resto, lo que la fe kierkegaardiana, a través de los pensadores privados representa. Dice Unamuno: “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real es irracional; que la razón construye sobre irracionalidades. Hegel, grande definidor, pretendió reconstruir el universo con definiciones, como aquel sargento de Artillería decía que se construyen los cañones tomando un agujero y recubriéndolo de hierro”(2005: 25).

BIBLIOGRAFÍA
Unamuno Miguel de,
2005: Del sentimiento trágico de la vida, Madrid, Alianza Editorial
Kierkegaard Soren,
1946: El concepto de la Angustia, Buenos Aires, México, Espasa Calpe, Colección Austral.
1951: Etapas en el Camino de la Vida, Buenos Aires, Santiago Rueda-Editor.
1976: In vino veritas. La repetición, Madrid, Guadarrama
2000, Temor y Temblor, México, Fontamara
2001: Migajas filosóficas o un poco de filosofía, Madrid, Editorial Trotta.
2004: Tratado de la desesperación, Leviatán, Buenos Aires


BIBLIOGRAFÍA
Kierkegaard Sören,
1946: El concepto de la Angustia, Buenos Aires, México, Espasa Calpe, Colección Austral.
1951: Etapas en el Camino de la Vida, Buenos Aires, Santiago Rueda-Editor.
1976: In vino veritas. La repetición, Madrid, Guadarrama
2000, Temor y Temblor, México, Fontamara
2001: Migajas filosóficas o un poco de filosofía, Madrid, Editorial Trotta.
2004: Tratado de la desesperación, Leviatán, Buenos Aires

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