LA INCOMPATIBILIDAD
3 JUNIO 2005

Oscar: Toda esta sección de “Ejercitación del cristianismo” trata sobre esta cuestión: que es un escándalo la invitación y es un escándalo el invitante. Me refiero a la invitación de la famosa frase que repite: “Venid a mí todos los que estéis atribulados y cargados que yo os aliviaré”. Kierkegaard hizo un análisis muy minucioso del significado de esa invitación, de quién es el que invita y de la situación en la que invita. Porque en todo sentido se presta a muchos malos entendidos. Entonces toda esta parte, “El invitante”, está llena de cosas que para mí son fundamentales para el tema de nuestro seminario que es “Quién es el Jesucristo de Kierkegaard”, pero también en general para la obra de Kierkegaard. No sé si es la seducción que a mí me produce estar leyendo ahora este texto, pero me da la impresión de que es el libro fundamental de Kierkegaard. Por lo menos, me da la sensación de que es el libro donde se arma el rompecabezas que une un montón de cosas que en otros textos están dispersas y que si uno no tiene éste que me parece que es como el punto central en el cual él se pone para vincular un montón de conceptos que son más importantes de Kierkegaard. Uno es el de la contemporaneidad, el otro es el del escándalo.

Esto de la contemporaneidad aparece después de vuelta en el capítulo siguiente, que se llama “El cristianismo como lo absoluto. La contemporaneidad con Cristo”.

La semana que viene nos vamos a referir a esta parte, y yo voy a traer algunos fragmentos de “Migajas filosóficas”, donde Kierkegaard habla también del sentido del ser contemporáneo con Cristo.

Es una cosa en que él insiste mucho. No sé cómo ustedes la interpretaron, pero me parece que tiene que ver con esa temporalidad de la que habla Kierkegaard en otros libros, que acá creo que no está mencionado, con esa palabra que es “el instante”.

Uno dice, bueno, qué hubiera hecho yo de haber sido contemporáneo de Cristo, esta parece ser la pregunta que repetiría continuamente en este texto. Y uno tiende a pensar eso como si fuera un accidente, que el ser contemporáneo con Cristo es una contingencia, en el sentido de que también es una contingencia que nosotros hayamos nacido en el siglo XX o que hayamos nacido en la Argentina, o que seamos hombres o mujeres; o sea, forman parte de eso que la filosofía existencial, Sartre por ejemplo, llama la contingencia o la facticidad.

Es decir, que un montón de notas que nosotros tenemos, que a nosotros nos vienen dadas, forman parte de lo que llama Sartre la facticidad, a partir de la cual uno puede ser libre después, pero limitado por esa contingencia. Estamos suspendidos sobre la contingencia de que nacimos, pero podríamos no haber nacido, de que nacimos en el siglo XX pero podríamos haber nacido en otra época. Parecería que no hay nada necesario, que todo es puramente accidental, incluso el hecho fortuito de que se hayan conocido nuestros padres cuando podrían no haberse conocido. Bueno, todo eso es lo que se llama contingencia. Parte de esa contingencia es el hecho de haber nacido en una época y no en otra, los que nos da siempre una perspectiva de la historia humana que es distinta. Por ejemplo, imagínense ustedes: a nosotros, haber nacido después de Copérnico nos permite saber que la tierra se mueve, pero si hubiéramos nacido antes de Copérnico no lo sabríamos; todo eso parece puramente contingente. De la misma manera uno podría tomar el ser contemporáneo con Cristo. Digamos, es una casualidad que esos hombres hayan sido contemporáneos con El, que cuando El llegó estuvieran esos hombres y no otros, y que esos hombres hayan nacido ahí donde nacieron, en Nazaret y no en otro lugar, porque por ejemplo los que nacieron en Grecia o en algún otro lugar no tuvieron la oportunidad de conocerlo por una cuestión geográfica. Parecen todas contingencias.

Sin embargo, Kierkegaard toma esa palabra, ese concepto de contemporaneidad en un sentido que rompe con esa noción de que la contemporaneidad es una contingencia. Por lo menos, a lo que él se está refiriendo no es a ese hecho fortuito de haber nacido ahí, sino a otra contemporaneidad, que tiene que ver con otra manera de existir en el tiempo que tienen los hombres.

Él lo usa, me parece a mí, en contraposición a lo que podríamos llamar una posición historicista, en el sentido de que nosotros somos, como individuos, somos como un punto de cruce entre un montón de fuerzas históricas que son las que nos constituyen y que nuestro sentido se disuelve en esas fuerzas históricas; o sea, que nosotros como individuos somos casi cercanos a nada, o a muy poca cosa, o tal vez, para usar las palabras que usa Hegel, nosotros tenemos un sentido relativo como individuos, pero no absoluto; es decir, relativo en el sentido de que todo nuestro ser es en relación con la historia, en el hecho de venir después de..., nos hace relativos, y que el sentido de nuestra existencia solamente se capta en el marco de la totalidad, por lo tanto es el todo el que da sentido a nuestra existencia individual, que es relativa. Y esa totalidad es también la totalidad de la historia universal, o sea que el sentido de la vida de cada particular se vincula con un momento de la historia, que a su vez está ligado con otro momento de la historia y solamente se puede recuperar en atención a toda la historia universal.

Y Kierkegaard reacciona contra eso, porque para él la temporalidad humana tiene otra dimensión, que es la dimensión del singular, del hombre que se queda solo y él dice, solo frente a Dios, que es como si la historia esa de las fuerzas que nos cruzan, que nos transforman en un punto relativo, esa historia quedara abolida.

Pregunta inaudible.

Oscar: Cuando él habla de Cristo, no es histórico sino que es de contemporaneidad. La contemporaneidad se condiciona recíprocamente con la fe.

Por otro lado, me parece que él también aporta este concepto de contemporaneidad que lo rescatan pensadores desde fuera de la fe y del cristianismo, o sea que es posible también pensar al hombre fuera del marco cristiano en su dimensión de temporalidad, o sea como singularidad

Pregunta: en “Temor y temblor”, en las últimas partes, yo siempre tengo ese recuerdo de que en un momento, cuando habla de las generaciones y de la historia, hace una referencia muy explicita a esto de que cada generación no le debe nada a la anterior, o sea que empieza de nuevo.

Oscar: Sí, en “El concepto de la angustia” también hay algo parecido porque dice que cada hombre es sí mismo y la especie. Como especie está ligado a la historia, a la cadena esta de los que vinieron antes y los que vendrán después y su sentido se vincula con todo el resto del género humano, entonces el hecho de haber nacido en siglo XVIII y no en el siglo I hace una diferencia en el sentido de que cada uno es la especie, pero en la medida en que cada uno en sí mismo no hace ninguna diferencia. Entonces la contemporaneidad tendría que ver con el valor absoluto de nuestra existencia que no es posible disolver en un montón de coordenadas socio-históricas. Eso me parece a mí que es una de las claves que hay que entender.

Entonces la pregunta qué hubieras hecho vos si hubieras sido contemporáneo de Cristo, no es la pregunta accidental, ni imaginaria, en el sentido de que uno lanza a volar su imaginación. Ahí uno estaría haciendo trampa porque tiene la ventaja de haber nacido 2000 años después, por lo cual sabe todo lo que pasó, sabe el resultado, y Kierkegaard está continuamente acá previniendo acerca de la trampa que significa tener en cuenta el resultado. Es la misma trampa que se plantea con Abraham cuando, por un lado, escucha la voz de Dios que le dice que le sacrifique a su primogénito y después va a aparecer el ángel para detener el momento en que Abraham lo va a matar. Entonces dice, bueno, si uno hace trampa porque conoce el resultado, entonces en ese momento queda como abolido el tema de la fe que es esa resolución para avanzar sin saber el resultado, o sea, donde lo decisivo no es el resultado. Y algo parecido pasa acá con el tema del significado de la vida de Cristo, y en relación con nosotros, o sea, la contemporaneidad. No es: imaginate que hubieras hecho vos de estar ahí con Él, sino que quiere decir: vos estás ahí con Él. Entonces queda como abolida la determinación histórica porque los 2000 años que nos separan se borran. Esto es posible por Cristo, porque no sé si sería posible de otra manera esta relación de contemporaneidad, porque se supone que la instaura Cristo.

Pregunta: ¿pero cómo situarnos en esa contemporaneidad?

Réplica: me daría la impresión de que se refiere a una especie de situación particular de cada uno donde está como una especie de idealismo donde vos estás solo con ese Dios o con ese alguien o con esa Providencia, como lo quieras llamar donde se espera algo de vos, que tenés que actuar por la fe.

Réplica: pero es difícil separar 2000 años de historia.

Oscar: pero esa es la lucha de Kierkegaard, porque él dice como que esos 1800 o 2000 años nos engañan acerca del sentido, porque se trata de que cada hombre vuelva a empezar. En “El concepto de angustia”, creo que es, dice que el pecado viene al mundo por el pecado y no por el estado pecaminoso; o sea no es que nosotros tenemos un estado pecaminoso entonces por eso pecamos, sino que nosotros al pecar traemos el pecado al mundo como si fuera la primera vez, o sea que nuestro pecado no es atribuible al pecado de Adán.

Réplica: es el ser humano que tiene naturaleza pecaminosa.

Oscar: el pecado viene al mundo porque no se trata de una naturaleza, ni tampoco de una participación en el conjunto de la especie. No, la especie humana comenzó allá con Adán; entonces el pecó y nos volvió a todos pecadores; uno se vuelve pecador pecando, el pecado viene al mundo por el pecado. Esta estructura la sostiene sobre una temporalidad en la cual cada hombre hace las cosas por primera vez. Él a eso lo llama la repetición, o así es como se traduce, porque en realidad algunos dicen que sería mejor traducir como la recuperación, o la renovación, o el reintegro.

Pregunta: ¿y tiene muchas acepciones? Porque nunca se me ocurrió pensar en el hecho de que puede ser una palabra que en realidad puede traducirse de otra manera. ¿Es como la traducción más aproximada?

Andrés: literalmente sería retomar.

Oscar: y ese retomar quiere decir lo contrario de pasarse la posta una generación a la otra; es como empezar de cero cada vez. Entonces, es una temporalidad distinta a la temporalidad humana; o sea, es como si él pensara al hombre en dos temporalidades, la histórica que existe, no se puede abolir, lo que pasa es que en las cuestiones decisivas para el individuo la historia no cuenta. O sea que el asunto es: ¿estás vos con Cristo y qué hacés vos con Cristo?

No es ningún pretexto el hecho de que los hombres hayan hecho hasta ahora tal o cual cosa respecto de Cristo, de que su mensaje haya sido entendido o que no haya sido entendido. Porque, además, la estructura misma del mensaje de Cristo es como que se está instaurando todo el tiempo; no es un mensaje instaurado.

Réplica: además esta cuestión de la singularidad de Kierkegaard hace que para cada uno pueda ser diferente o no.

Oscar: en un sentido siempre es diferente porque es singular, o sea la diferencia es la singularidad de cada uno, o sea que por eso no cuenta para nada lo que ningún hombre haya hecho antes. Diríamos que en el esquema está Cristo que no es siempre diferente se supone que es siempre el mismo, pero uno es el singular.

Ana: en esto de retomar, recuperar, es en lo único en que se puede dar la repetición y es ahí porque en otro ámbito es imposible la repetición. En realidad, si uno fuera honesto consigo mismo sabría que realmente las cosas son así porque como dice el famoso adagio latino —que Kierkegaard repite tanto: mundus vult decipi, el mundo quiere ser engañado; uno siempre quiere ser engañado; y engañarse a sí mismo haciéndose la ilusión de que es cristiano, porque con los 2000 años de historia ya está, ya estamos salvados; y no es así, eso me parece lo más importante, que cada uno tome conciencia de eso.

Oscar: Y esto en relación también con lo establecido, que aparece acá, en estos párrafos que ahora vamos a leer. Es como que él tiene que despejar el enorme equívoco que significa un cristianismo establecido en el sentido de que ya ha tenido suficiente tiempo el mensaje cristiano de establecerse entre los hombres y es como un patrimonio, digamos, ya cultural o histórico de la humanidad. Por lo tanto, si los primeros cristianos todavía estaban medio que no sabían bien cuál era el significado de lo que iba a terminar siendo el cristianismo, nosotros 2000 años después estamos en muchas mejores condiciones porque ya ahora sabemos bien, con lo cual el cristianismo se vuelve cuestión de saber. La historia dio tiempo para que se despegara y que nosotros pudiéramos saber. Y él dice que en realidad este vínculo que se está iniciando continuamente lo inicia cada uno y no hay posibilidad de saber nada, o sea que no es una cuestión a la que uno se vincule a través del saber.

Ana: yo pensaba la vez pasada que tiene alguna resonancia o algún parentesco en ese sentido con Kant ¿no es cierto?, en el hecho de que la fe nunca puede ser objeto de saber o conocimiento.

Oscar: de ese lado, sí. Lo que pasa es que yo no conozco la obra de Kant que se llama “La religión en los límites de la mera razón” o algo así; yo la desconozco totalmente. Lo que pasa es que me parece que en Kant está la cuestión a través de la voluntad racional, que es otra forma de la razón, la razón práctica; por eso, ahí no sé bien. Lo que sí sé es que hay una diferencia con Hegel, que por supuesto no acepta ninguno de todos estos límites porque, para él, el saber absoluto es como el resultado final de todas las posibilidades humanas; entonces la fe, incluso, es como una mediación donde lo importante es llegar al saber absoluto; es como uno de los momentos de la manifestación de la idea; el saber absoluto es el que recupera todo y necesita desplegarse en la historia, en la historia de la humanidad, en la cual cada uno de nosotros es como un pequeño esclavo construyendo la pirámide.

Entonces toda esta posición kierkegaardiana está construida en polémica con esa visión hegeliana. O sea que no se trata del saber.

Bueno, por ahora diría eso, y yo propondría que leamos algunos párrafos que me parece que son muy sustanciosos para entender esta cuestión, y que él lo dice mejor de lo que lo podemos decir nosotros.

En la página 77, en el capítulo “El invitante” dice: “El que invita es consiguientemente Jesucristo el humillado, y es él quien ha dicho aquellas palabras de la invitación. No es desde la majestad desde donde las dice; si fuese ésta la relación entonces el cristianismo sería paganismo, Cristo profanado, por lo cual es también falso que así sea. Si fuese así que Aquel que está entronado en la majestad dijera estas palabras: venid acá, de suerte que fuese tan fácil echarse en los brazos de la majestad, ¿entonces qué milagro habría en que vinieran una multitud? Los que corriesen de este modo lo harían con una fatiga inútil imaginándose que sabían quién es Cristo, pero esto nadie lo sabe, y para creer en Él ha de empezarse con la humillación.

El que invita, Aquel que dice las palabras, por lo tanto, Aquel cuyas son estas palabras, mientras las mismas palabras en la boca de otro serían ciertamente una falsedad histórica, es el humillado Jesucristo, el hombre insignificante, nacido de una virgen despreciada, de padre carpintero, en parentesco con algunas otras personas sencillas de la ínfima clase, el hombre insignificante que por añadidura, lo que es exactamente como echar aceite en el fuego, dijo de sí mismo que era Dios”

Pregunta: ¿Quiere decir que para Kierkegaard separar la palabra del hombre es lo mismo que negarla?

Oscar: claro, exactamente, porque él dice que lo que tiene una importancia infinita es que Cristo sea. O sea, que no se puede comprender el sentido a través del resultado de su existencia histórica, sino que el sólo hecho de ser...en ese sentido me parece que incluso pone en un solo plano hasta la misma resurrección. Esto por ahí es una cosa más controvertida o polémica, pero llama la atención, no sé si ustedes leyeron toda esta parte, cuando divide las dos secciones de la vida de Dios. La primera sección se refiere a toda la etapa de lo que sería la predicación; la segunda sección es la cruz, y casi no hay diferencias ahí con la resurrección, por lo cual me parece que ahí él la incluye dentro...no es la resurrección la que da sentido a todo sino que es un dato más del ser de Cristo, o sea que lo decisivo es que Cristo haya sido, que sea. No sé a qué venía todo esto, porque vos habias dicho algo...

Pregunta: la importancia de quién dice la palabra y en qué lugar lo dice.

Oscar: “es pues el humillado Jesucristo el que dijo aquellas palabras y no tienes derecho a apropiarte ninguna palabra de Cristo, ni siquiera una sola; no tienes la menor parte en Él, ni la más mínima posibilidad con Él, si es que no has llegado a ser tan contemporáneo con Él en su humillación que prestaras plena atención como los contemporáneos a su advertencia: Bienaventurado aquel que no se escandalizare de mí...”

O sea que acá la contemporaneidad está vinculada con la posibilidad del escándalo.

“...no tienes derecho a tomar las palabras de Cristo a otra parte y engañarle de lejos, no tienes derecho a tomar las palabras de Cristo y convertirle fantásticamente en algo otro con la ayuda de la verborrea de la historia que cuando platica acerca de Él no tiene ni idea de lo que habla. Es pues el humillado Jesucristo el que habla, es históricamente verdadero que Él ha pronunciado estas palabras, pero tan pronto como se cambia su histórica realidad, empieza a ser falso que esas palabras hayan sido dichas por Él. Por lo tanto, el hombre insignificante, pobre, con doce discípulos de la clase más sencilla del pueblo, durante un tiempo objeto de la curiosidad, pero más tarde solamente en compañía con los pescadores, aduaneros, leprosos, de cortas luces, pues se jugaba honor, vida y bienes y en todo caso sabemos que...la expulsión de la sinagoga con sólo dejarse ayudar de Él. Venid ahora acá, todos los que estáis atribulados y cargados. Oh amigo mío, si tú fueras sordo, ciego y cojo y leproso, etc, etc, si tú, lo que jamás fue oído o visto unieras todas las desgracias humanas en tu desgracia y aunque Él te fuese a ayudar con un milagro, ¿verdad que era posible, no obstante, que tú, y esto es lo humano, temieses más que todos esos padecimientos el castigo que estaba impuesto por dejarse ayudar de Él, el castigo de quedar excluido de la comunidad con los demás hombres, ser mofado y burlado día tras día quizás hasta perder la vida? Era humano y esto es lo humano, que pensaras algo parecido a esto; no, muchas gracias, en ese caso prefiero quedar sordo y ciego, etc, antes que ser ayudado de esta manera...”

O sea que parecería que acá hay un vínculo esencial entre aceptar la invitación y quedar fuera de la comunidad

Pregunta: ese ejemplo parece ser de Antígona, tomó una posición ética tal que queda fuera totalmente de la comunidad.

Oscar: “...venid, venid todos, todos los que estáis atribulados y cargados...”

Ana: en el caso de Antígona, me parece que está visto desde el punto de vista demasiado humano; me parece a mí que lo que se plantea ahí es algo parecido; en realidad, no es la comunidad humana porque, por lo que leí, la comunidad humana de ese tiempo... porque si no otra vez volvemos al punto de vista historicista, y a mí me parece que en la obra Antígona, no es una cuestión de que sea en el siglo V antes de Cristo. Habría sucedido lo mismo con Antígona en otro siglo y en otras circunstancias y el hecho es también el planteo de que el que se pone del lado de la ley divina, por llamarla de alguna manera, casi que al mismo tiempo inevitable width=100%mente, indefectiblemente, se sale de la comunidad.

Oscar: yo en Antígona no animo a decirlo porque la leí hace mucho.

CAMBIO DE CASSETTE...

Me parece que Kierkegaard es enemigo de ese resguardo de la comunidad, o sea que la vinculación con Dios no se puede dar a partir de un nosotros, bueno, vamos todos juntos a hablar con Él, sino que solo. Yo creo que el ahí es como que resalta su pensamiento, o sea que él vivió así porque pensaba así.

OTRO CAMBIO DE CASSETTE

...y que justamente esté ofreciendo ayuda el tipo que parece necesitar más ayuda que nadie. Está en la peor situación imaginable y está ofreciendo ayuda, y además Él es la verdad, y es el que se había venido prometiendo durante tanto tiempo, y además es nuestro rey; o sea, todo eso es como un nudo imposible, imposible de tragar. O sea, que si le despojamos de todo eso y nos quedamos solamente con la parte doctrinaria, entonces ahí se hace potable.

Ana: pero ser su discípulo...

Oscar: claro, lo que significa ser discípulo de un tipo que te invita a la cruz.

Después, salteando a la página 88, también sigue hablando del prudente. En la mitad de la página, dice: “Se están oyendo acerca de este hombre demasiados juicios precipitados de quienes no comprenden nada —y le idolatran— y demasiados juicios desabridos de quienes quizá —esto también puede ser verdad— le comprenden mal; en cambio, a mí no se me podrá echar en cara con razón ningún juicio precipitado; me mantengo plenamente frío y sereno, es más, estoy convencido de ser conciliador y moderado con él todo lo que se puede ser. Así pues, sea que incluso la razón quede impresionada a causa de este hombre —lo que, sin embargo, concedo sólo hasta cierto grado. ¿Qué se debe juzgar de él ahora? El juicio será: por lo pronto no puedo formar ninguna opinión sobre él. Y esa abstención no es relativa a que Él diga que es Dios, pues sobre este particular no podré formar opinión por los siglos de los siglos; no, me refiero a él considerado en cuanto hombre. Será el resultado de su vida el que podrá primeramente decidir si era realidad lo extraordinario, o si, engañado por su fuerza imaginativa, ha apuntado una meta demasiado alta, no solamente para sí mismo, sino en general para el ser hombre. Con mi mejor voluntad, no puedo otorgarle más; si fuese mi único amigo, mi único hijo, no podría juzgarlo con mayor suavidad, ni tampoco de otra manera. Mas de ello se deduce muy probablemente, que por buenas razones no pueda llegar a formar un juicio sobre él. Pues para formarlo debería contemplar primero el resultado de su vida, y hasta de lo último de la misma, es decir, hasta que muera. Entonces podré, quizá, solamente quizá, formar un juicio sobre él; y esto concedido, no será sino en sentido impropio un juicio sobre él, porque ciertamente ya habrá muerto. De lo que se sigue de suyo, que es imposible me decida por él, mientras viva. Para mí no puede cerrar un significado decisivo la autoridad con que dice enseñar, se ve sin esfuerzo alguno que se mueve en un círculo, el de respaldarse en lo que ha de demostrar, lo cual, a su vez, solamente podrá ser demostrado por el resultado, y esto mientras sus alegaciones no vengan mezcladas estrechamente con su conocida idea fija, la de que es Dios; pues si es por eso que El tiene autoridad, porque es Dios, no cabe otra respuesta que: sí —¡sí...! Todo lo más, consiguientemente, que podría concederle, si me imaginara viviendo en una generación posterior, y con tal de que entonces le hubieran puesto en claro el resultado de su vida y sus consecuencias en la historia, es que era lo extraordinario: entonces no estaría lejos, no faltaría mucho, ¡un tris!, para que yo fuese su discípulo.”

Bueno, esta parte yo la marqué porque me parece que habla del tema de la incompatibilidad, de que el prudente no puede dar el salto ese, y si incluso el que El diga que es Dios “no podré formar opinión por los siglos de los siglos”.

Ana: y además lo llama “idea fija”, viste que antes...como los locos; sigue con eso.

Oscar: o sea que a mí me parece que acá salía la cuestión de que esto que se llama la fe es un salto y que añadiendo prudencia a más prudencia no se llega nunca; es infinito el camino que se recorre.

“El clérigo tendría que decir: <para ser un embaucador y seductor del pueblo hay propiamente en él algo desacostumbradamente honrado, por lo cual no podrá llegar a ser tan absolutamente peligroso; si aparece realmente peligroso, solamente lo será mientras dure el chaparrón, si aparece tan peligroso con su popularidad solamente lo será mientras dure la ventolera, y el pueblo —precisamente el pueblo— lo abata de nuevo. Lo honrado en él consiste en querer mostrarse como el esperado y parecérsele tan poco como él lo hace —esto es honrado, exactamente como si uno editase billetes falsos y los hiciese tan malos que cualquiera un poco entendido pudiese darse cuenta inmediata—. Es verdad que todos esperamos un prometido, pero que Dios mismo tuviese que venir en persona no es ninguna espera razonable, y cualquier alma religiosa se espanta de la burla de Dios que este hombre comete. Sin embargo, estamos esperando un prometido, en esto todos estamos de acuerdo. Pero el gobierno del mundo no avanza tumultuosamente, la evolución del mundo no es —lo que ya la palabra evolución expresa por sí misma— revolutionair, sino evolutionair. Por lo tanto el verdadero Mesías ha de aparecer de una manera completamente distinta, ha de venir como el florecimiento más espléndido de lo establecido, como su más arrollador despliegue. De esta manera vendrá el verdadero Mesías, y se comportará de una manera completamente distinta; reconocerá lo establecido como instancia, convocará una asamblea a todo el sacerdocio, le propondrá su resultado como cartas credenciales —y así, si en votación consigue la mayoría, será recibido y vitoreado como el extraordinario, como lo que es: el Mesías>.”

Andrés: parece una lección del Papa.

Ana: yo también estaba pensando lo mismo.

Oscar: porque acá los rasgos de los que está investido Jesús en su vida, en los que Kierkegaard continuamente está haciendo hincapié, como que la situación en la cual el que invita, invita, son tan opuestos a lo establecido que parecería que no es una cuestión solamente accidental esta cuestión desde la situación desde la cual se existe. Y en ese sentido me parece que por eso la posición de Kierkegaard, yo entiendo que es contraria, o sea la manera como él entiende el cristianismo es contraria a toda iglesia. Porque hay intentos de interpretar que Kierkegaard estaba tan furioso contra la iglesia danesa y bueno, incluso muchos pasajes de “El instante” parecen reafirmar esta idea: su obsesión con el hecho de que esa iglesia estuviera sostenida por el Estado y los pastores con sus sueldos y sus mujeres y sus hijos; lo ciñen al contexto ese, al contexto más chico de Dinamarca. Pero me parece que acá, en este párrafo y en otros como éste, se ve claro la incompatibilidad; o sea, que la repetición se da también en el plano del hombre insignificante y que el establecerse es esencialmente incompatible con Cristo, y que por lo tanto los rasgos exteriores por los cuales se lo podría reconocer son justamente los rasgos para indicar que ahí no está; siempre tiene que estar donde no se lo espera.

Pegunta: pasa por el hecho de que él no quería impresionar a nadie, es decir, muchas personas hacen las cosas para impresionar, y él hacía las cosas para ayudar, no hacía un milagro para demostrar que era el Mesías

Ana: a mí me parece que ése es el camino, nada más. Lo que te quiere decir es: éste es el camino, no hay otro. No es que si vos esperabas a un pobre hombre, entonces se aparecía en la gloria del reino. Es que éste es el camino, y éste es el único camino por el que es crucificado el pecado en nosotros; no hay otro camino. Ni siquiera es para demostrar que Él no venía para hacerse halagar, porque además lo dice incluso respecto de Juan el Bautista. Respecto de Juan dice: ¿qué habéis venido a ver? ¿a un hombre que anda en los banquetes, con los reyes? Él no dice eso; dice éste es el camino. Si dice “soy el Camino”, está mostrando que es éste el camino, no el camino de los reyes ni el de la pompa ni el de la grandiosidad.

Pregunta: digamos, iría en contra de la experiencia de singularidad.

Ana: pero, ¿sabés lo que es aceptar eso para un ser humano? Es pedir lo imposible.

Pregunta: no deja de ser una receta.

Oscar: otra cosa que hay que agregar es que la manera como Él se aparece es también... digamos, que mueve a que se revele cada uno, es revelador. El hecho de reconocer en este hombre a la verdad significa que vos tenés que revelarte, revelarte a vos mismo como sos porque digamos que si viniera presentado con toda el ornato, entonces sería reconocer eso que ya está estable width=100%cido y que vos te podrías además apoyar en los demás que te darían asentimiento, entre todos, como subjetivamente diríamos, bueno, acá está, es éste ¿no? Como un espectáculo como el que el describe acá, que hace recordar un poco la elección del Papa: yo reconozco los rasgos de la realeza, lo que pasa es que la realeza se apareció de tal manera que uno tiene que...ahí es donde se ve quién es uno frente a esa realeza, el ser capaz de reconocer esa realeza.

Pregunta: Jesús frente a Pilatos: son dos tipos de realeza diferentes; una es la realeza según Dios y la otra es la realeza según este mundo.

Ana: y lo que vos decías antes de lo referido a todas las iglesias también eso está en el Evangelio, no es que sólo lo diga Kierkegaard, en la parte del Evangelio en que Él dice: mirad que cuando os digan está aquí o allí o allí no les creáis, ¿qué quiere decir? No está en ningún lado, no está en la católica ni en la luterana ni en la budista ni en ninguna...porque ¿te acordás, Andrés, cómo es que sigue después? “...porque como el relámpago que sale de oriente a occidente, así será la venida del hijo del hombre”...o sea, no es una iglesia .

Oscar: me parece que es la repetición de la venida de Él, como que Él está viniendo siempre; o sea que no es que fue una gran treta, digamos, para el pueblo judío que se sentía el pueblo elegido, y que después Él se vino de esta manera que pareció trastocar lo que se entendía en ese momento que iba a venir, y de qué manera ellos como pueblo elegido estaban vinculados con eso que se les había prometido. Es que si está viniendo siempre, está trastocando siempre eso; entonces el sentirse parte de una religión es el mismo malentendido. Él no vino solamente con los judíos porque eran judíos, sino con todo aquel que se crea que está un paso más cerca porque pertenece a alguna...algún digamos rejunte humano.

Pregunta: en ese aspecto, con el tema de lo establecido, de que Él haya venido para romper con eso, me parece que ahí la clave es el tema del amor, que es primario antes que eso, porque frente al amor eso es como...es decir, que Él sea rechazado o que rompa o no con lo establecido me parece que lo excede absolutamente. Otra cosa respecto al tema de las iglesias, con lo que vos decías del Evangelio también, el tema se juega en el modo en el que se vive esa relación más que lo que ya está; bueno, está la iglesia, está esto y si cada iglesia tiene o no razón...pasa también por otro lado, en el modo, como singular o lo que fuera...

Oscar: o sea que como nadie va a ser excluido por no serlo tampoco nadie va a ser excluido por ser parte. Como el tema de la circuncisión que se le presentaba a los primeros cristianos, como con Pablo, que reflexionó mucho sobre esa cuestión, y que habló de una circuncisión de espíritu... El asunto es que Él había desbordado toda referencia al tema de pertenecer al pueblo judío, había resignificado lo que quería decir “pueblo elegido”, había roto con todas las representaciones humanas, con todo lo que se había establecido hasta ese momento que era la religión judía. Entonces su mensaje es tan potente con el tema que vos decís del amor que no puede quedar ahí circunscripto a la religión judía; pero lo mismo se puede decir hoy de los cristianos...

Andrés: pero también puede haber...digamos, reconoce que no se juega todo ahí: convivir con la institución.

Oscar. No existía como algo distinto de la religión judía; en ese momento, eran todos judíos.

Pregunta: era necesario porque si no hubiera quedado como una secta judía.

Oscar: claro, y a Pablo se le produce el shock cuando se le aparece Cristo que era lo que él perseguía desde su piedad de religioso; él se había dedicado a perseguir eso porque supongo que los consideraría blasfemos a los cristianos... Cuando se le aparece dice: ¿por qué me hacés eso? Como que ahí a él lo parte en dos: cambia de nombre, nace de vuelta ...y además entonces Pablo rompe con la religión en el sentido de lo establecido.

Pregunta: es absolutamente subversivo.

Pregunta: pero no por la subversión misma; es subversivo para la libertad del hombre.

Oscar: para el hombre mismo, porque lo establecido te apresa. Lo que pasa es que a mí me parece que lo que dice Kierkegaard es que no hay manera de arreglar con lo establecido, no hay arreglo posible. Para revelarte vos tenés que romper con eso, es como un obstáculo, porque te hace atenerte a cosas que son como falsas o mundanas

Pregunta: y finalmente lo establecido fue lo que mató a Jesús, en el nombre de Dios y la religión.

Oscar: tenemos que cortar acá. La semana que viene vamos a profundizar un poco en esto de la contemporaneidad, y voy a traer unos pasajes de “Migajas filosóficas”.

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